martes, 19 de septiembre de 2017

Predicando a Cristo en el Antiguo Testamento: Proverbios, Levítico y textos narrativos - Fred Malone

En el siguiente texto, el pastor Fred A. Malone muestra, mediante ejemplos concretos, cómo predicar a Cristo en el Antiguo Testamento. El texto muestra cómo poner en práctica la llamada “analogía de la fe” (La Escritura interpreta a la Escritura).

martes, 12 de septiembre de 2017

Predicando a Cristo en cada sermón — Fred Malone

¿Deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?

La predicación es expositiva, lo cual significa que explica el texto bíblico en su contexto y lo aplica a su audiencia. Han existido ocasiones, sin embargo, en que he escuchado predicaciones expositivas que hacen poca o ninguna mención del Señor Jesucristo (tristemente, he hecho ello yo mismo). Si un no creyente estuviera sentado entre los oyentes, no escucharía suficiente evangelio para ser salvo. Más aún, los santos no escucharían suficiente de Cristo para moverlos a vivir y obedecerlo por amor. Las Escrituras enseñan que cada sermón expositivo debe ser cristocéntrico.
            La verdadera predicación no es:

1.- Un sermón expositivo, incluso de un texto del Nuevo Testamento, sin mencionar a Cristo excepto en un llamamiento evangelístico al final de este. 
2.- Un sermón lleno con ilustraciones humorísticas, mientras que solo menciona nominalmente un pasaje o a Jesucristo mismo de manera ocasional
3.- Una “serie práctica” sobre matrimonio, gozo, etc., sin explicar cómo la persona y trabajo de Jesús se aplica al matrimonio, gozo, etc.
4.- Un comentario consecutivo de un pasaje de la Escritura sin predicar a Cristo porque Él no es mencionado explícitamente en el texto.

            Ninguno de los indicadores anteriores cumple con el requisito bíblico de predicar. La Escritura nos brinda instrucciones claras sobre cómo predicar. Consideremos las siguientes.

Nuestro Señor Jesús y sus apóstoles realizaron una predicación cristocéntrica

            Cada palabra que nuestro Señor pronunció fue fundamentalmente sobre Su propia persona y Su oficio como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, incluso cuando expuso pasajes del Antiguo Testamento, los cuales no siempre lo mencionaban a Él explícitamente. Los apóstoles de Cristo siguieron su ejemplo al predicar. Cada sermón evangelístico en Hechos y en cada epístola estuvo centra en Jesucristo. Las epístolas fueron leídas a las iglesias en su totalidad, incluidas las secciones acerca de Cristo y el evangelio. En cada aplicación de las epístolas hay siempre una referencia a Cristo, Su persona y Su trabajo. No estoy diciendo que Jesucristo fue mencionado por su nombre en cada texto de Su predicación y en la enseñanza de los apóstoles. Lo que digo es que Cristo es el fundamento y la meta en la proclamación de cada palabra de Dios.

La Biblia nos manda a predicar a Cristo a incrédulos y creyentes

            En primer lugar, es claro que los apóstoles predicaron a Jesucristo como Señor y Salvador a los incrédulos (Hechos 5:42, 8:35, 11:20). Jesús fue el centro de su mensaje. Cuando Pabló llegó por primera vez a Corinto a predicar el evangelio a los no convertidos, él dijo: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Cor. 2:2). Jesucristo fue el fundamento de la predicación evangelística de Pablo en Corinto. Pedro predicó a Cristo el día de Pentecostés así como en otros mensajes evangelísticos de Hechos (2; 10; 17).
            Segundo, los apóstoles predicaron a Cristo a los creyentes. Los apóstoles constantemente anclaron sus reprensiones, exhortaciones e instrucciones doctrinales a la persona y al trabajo presente, pasado y futuro de Cristo. Es imposible leer las epístolas sin ver que la persona y obra de Jesús es el punto central de la salvación y santificación. A los colosenses, Pablo describió su predicación y enseñanza a los cristianos: “A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en sabiduría, a fin de presentar perfecto a Cristo Jesús a todo hombre” (Col. 1:28). No nos toma mucho localizar cómo Pablo fundó sus exhortaciones a los cristianos corintios en la persona y trabajo de Cristo por ellos. Por ejemplo, cuando les advirtió en contra del adulterio, Pablo dijo: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Cor. 6:19-20). Pablo basó su advertencia en la obra de Cristo. Jesús mismo era el fundamento de la predicación apostólica, tanto para los creyentes como para los incrédulos. La Biblia manda que la predicación sea cristocéntrica tanto a los no creyentes como a los creyentes.

La Biblia ordena predicar a Cristo en cada sermón desde cualquier pasaje

            En Génesis 3:15, Jesucristo es declarado el centro de la revelación de Dios para el hombre. Adán representó a toda la posteridad y cayó en pecado, rompiendo el pacto de obras, el cual requería perfecta obediencia de por vida. Pero Jesucristo, el postrer Adán, es el único mediador entre Dios y los hombres. Cristo satisfizo la ira justa de Dios en un Pacto de Redención y obedeció lo que Adán falló en hacer. Jesucristo es el único Salvador y Señor para todo aquél que crea en Él. El Antiguo Testamento registra el despliegue de la promesa de la redención en Cristo localizada en Génesis 3:15. Y el Nuevo Testamento revela cómo Cristo vino a cumplir la primer promesa en Génesis 3:15. La propia estructura de la Biblia establece el mandato teológico de predicar a Cristo en todas las Escrituras porque tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento son teológicamente centrados en Jesucristo.
            Los predicadores del Nuevo Testamento no predicaron a la manera en que nosotros se nos ha hecho costumbre. Ellos no tomaban un texto del Nuevo Testamento para analizarlo, exponerlo y aplicarlo. ¿Cómo predicaban? Ellos proclamaban el gran mensaje que se les había dado, el gran cuerpo del evangelio de verdad, la completa doctrina de la salvación revelada desde Génesis hasta Apocalipsis. Mi argumento es que esto es lo que deberíamos estar haciendo, aunque lo realizamos a través de exposiciones individuales de versículos particulares. Esta es la relación entre teología y predicación.
            Así que, queridos hermanos, ¿están predicando al Señor Jesucristo en cada sermón expositivo? ¿Podría un incrédulo ser salvado a través de tu exposición? ¿Podría un creyente escuchar lo suficiente de Cristo para ser movido a amarlo más y obedecerlo en la fe que obra por el amor? ¡Que Dios nos ayude a proclamarlo!

¿Por qué debemos predicar a Cristo en cada sermón?

            Ya hemos tratado la pregunta: ‘¿Deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?’ Mi respuesta es: “Sí”. Ahora debemos preguntar: ‘¿Por qué deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?’. Hay dos consideraciones que ofreceré para responder a esto: (1) Hermenéutica bíblica y (2) Ejemplo bíblico.

La hermenéutica bíblica nos obliga a predicar a Cristo en cada sermón

            La aparición histórica de la hermenéutica literal-gramático-histórica en la historia de la interpretación ha sido algo muy bueno. Hay un acuerdo general entre la mayoría de profesores evangélicos de que la Biblia debería ser tomada literalmente (a menos que use metáforas, tipología, alegoría, parábola, etc.), gramaticalmente (usando los lenguajes originales para la exégesis) e histórica (lidiando con el contexto histórico del pasaje). Como parte de este método, también incluimos la idea de que “la Escritura interpreta a la Escritura”. Este es el fundamento para realizar la exégesis de un texto para a continuación exponerlo en el sermón. Este método intencionalmente previene en contra de la eiségesis (interpretar un texto de tal manera que el intérprete introduce sus ideas de manera subjetiva) para que un texto pueda ser fiel a la Palabra específica de Dios. Algunas veces este método es usado para justificarse de no predicar a Cristo en cada sermón si Él no es mencionado específicamente en el pasaje, especialmente cuando se expone una porción del Antiguo Testamento.
            Sin embargo, la exégesis gramático-histórica no es el único método hermenéutico que usaron los Reformadores. La hermenéutica reformada adopta la exégesis gramático-histórico-teológica. La adición de la exégesis teológica de cada texto es a veces llamada “la analogía de la fe”. Esto significa que la exégesis de cada texto debe mirar todo el contexto teológico en el cual descansa; esto es, el lugar de la historia bíblica, el contexto del pacto en el cual reside y su relación con la teología global de la Escritura. Esto significa que la totalidad de la teología de la Escritura, la cual es cristocéntrica, debe estar incluida en la total exégesis del texto. Esto no es eiségesis. Es teología exegética.
            Me permitiré agregar que este elemento teológico no es precisamente lo mismo que “la Escritura interpreta a la Escritura”. Un exégeta puede usar referencias cruzadas, estudios de las palabras del texto, comparar la Escritura con la Escritura, y todavía así perderse la totalidad teológica de la Escritura en la exégesis. La analogía de la fe considera todo el consejo de Dios, la fe definitivamente entregada a los santos, cuando se interpreta el texto. Por ejemplo, cuando se predica una sección del Antiguo Testamento, uno pudiera usar el método literal-gramático-histórico, incluyendo las referencias cruzadas y estudios de palabras, exponiendo fielmente el texto en su significado original del Antiguo Testamento. Sin embargo, nuestro Señor explicó que Él vino a cumplir la Ley y los Profetas (Mateo 5:17). Explicar un texto del Antiguo Testamento y exponerlo en su sentido original sin considerar cómo nuestro Señor lo completó en Su persona y obra ignora la interpretación teológica completa del texto. Así que un pudiera exponer de manera precisa el Antiguo Testamento y su significado sin su completo significado teológico a la luz de toda la revelación de acuerdo a la analogía de la fe.
            Predicar a Cristo en cada sermón es más que solo predicar un texto en su significado literal, gramático e histórico y luego entrar en una explicación desconectada del evangelio. En vez de ello, es exponer cómo ese texto está conectado con la teología completa en Jesucristo, el centro teológico de la revelación de Dios para el hombre. Este método no degrada al Antiguo Testamento como menos inspirado o importante que el Nuevo Testamento. Estas advertencias no son útiles o precisas. Por el contrario, reconoce que todo el Antiguo Testamento encuentra su completo significado porque contribuye a la revelación de Jesucristo en todas las Escrituras.
            Una cosa más acerca del método teológico de interpretación: reconoce que todos los hombres nacen condenados por la Ley en la caída de Adán y que desde Génesis 3:15, el resto de la Escritura revela la llegada de Cristo bajo la gracia. Fue central esta teología de la Ley y del Evangelio en el redescubrimiento del evangelio en la Reforma. Toda la Escritura debe ser interpretada a la luz de la teología de la Ley y del Evangelio, la cual revela a Jesucristo a los hombres. Esto habilita al expositor a predicar legítimamente el evangelio en cada sermón sin eiségesis. Charles Brides, en El ministerio cristiano, dijo:

            La marca de un ministro que ha sido aprobado por Dios “como obrero que no tiene de qué avergonzarse” es que “usa bien la palabra de verdad”. Esto implica una completa y directa aplicación del Evangelio a la masa de sus oyentes inconversos, combinada con un cuerpo de instrucción espiritual a las distintas clases de cristianos. Su sistema estará marcado por la simetría escritural y exhaustividad. Abarcará la completa revelación de Dios en sus enseñanzas doctrinales, la experimentación de sus privilegios y sus resultados prácticos. Esta revelación está divida en dos partes —la Ley y el Evangelio— esencialmente distintas entre sí, aunque íntimamente conectadas, de tal manera que no se puede obtener un conocimiento preciso de ninguna de las dos sin la otra (222).

Los ejemplos bíblicos requieren de nosotros predicar a Cristo en cada sermón

Ahora vivimos bajo el Nuevo Pacto de Jesucristo, la completa revelación de Dios al hombre. Se nos ha dado la plena revelación de Dios en la fe de una vez por todas entregada a los santos. Nuestro ejemplo de predicación y enseñanza está indicada en cómo Cristo y Sus apóstoles predicaron y enseñaron. Su enseñanza de Sí mismo, cada sermón en Hechos a los incrédulos y cada epístola a los creyentes son completamente cristocéntricos. Ya sea si tomamos un diálogo de Cristo o un escrito de los apóstoles en donde no haya una explícita mención al Señor Jesucristo, ellos deben ser explicados a la luz de la completa enseñanza en el contexto del mensaje de Jesús y de las epístolas. Ellos son nuestros ejemplos de la predicación bíblica bajo el nuevo pacto.
            Para ejemplos modernos de tal predicación, solo tenemos que mirar al gran predicador del siglo xix, Charles Spurgeon, y al gran predicador del siglo xx, Martyn Lloyd-Jones. Ambos siguieron el método gramático-histórico-teológico de la hermenéutica para predicar a Cristo en todas las Escrituras.

¿Cómo deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?

Hasta ahora hemos abordado dos preguntas: “¿Deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?” y “¿Por qué deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?” Ahora debemos responder otra pregunta: “¿Cómo deberíamos predicar a Cristo en cada sermón?”. En otras palabras, ¿Es posible predicar a Cristo en cada sermón con integridad hermenéutica? Creo que es posible y necesario. ¿Pero cómo hacerlo? A continuación, propongo dos principios seguidos de un ejemplo:

Debemos recordar que somos ministros del Nuevo Pacto

Pablo enseñó que somos ministros del Nuevo Pacto (2 Corintios 3:6). Esto significa que el Nuevo Pacto de Jesús gobierna todo nuestro ministerio. Los ministros del Nuevo Pacto no son libres para ser neutrales en la exégesis de cualquier texto. Pensar que son libres es una falacia de erudición bíblica. Debemos iniciar como ministros del Nuevo Pacto cuando nos acerquemos a cualquier sección de la Escritura.
            La fe ha sido entregada una vez por todas a los santos en Cristo a través de la revelación del Nuevo Pacto. La revelación del Nuevo Pacto de Jesús es nuestro contexto ministerial, histórico y teológico-bíblico. Jesús vino a cumplir la Ley y los Profetas y a establecer su Nuevo Pacto, el único pacto salvífico en la Escritura. Desde que Adán quebrantó la Ley de Dios en el jardín del Edén, todo el Antiguo Testamento es resultado de la promesa del evangelio en Génesis 3:15 hacia la completa revelación de Jesucristo como la “simiente de la mujer” que destruiría la simiente de la serpiente. El postrer Adán completó la primer ley que desobedeció Adán y la promesa del Evangelio de Génesis 3:15 en Su Nuevo Pacto. Como ministros del Nuevo Pacto de Cristo, todo lo que enseñamos tiene que ser visto a través de estos lentes.
            Parafraseando a Agustín: “El Nuevo está escondido en el Antiguo; el Antiguo está revelado el Nuevo”. Bajo esta luz, toda la Escritura es acerca de la revelación de Jesucristo a la humanidad caída para la gloria de Dios. Jesús es nuestro punto de partida y nuestro punto de llegada en cada sermón en el Nuevo Pacto. Jesús es el Autor y Consumador de la fe. Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, la revelación de Dios al hombre.

Debemos ejercitar plenitud hermenéutica

En primer lugar, debemos interpretar gramaticalmente cada texto, entender el sentido original de las palabras. Segundo, debemos interpretar el texto en el marco de la historia de la redención, entender a quiénes Dios está hablando y qué está diciendo en su contexto histórico. Pero, tercero, debemos interpretar cada texto teológicamente en los términos de la completa revelación de Dios al hombre. Este es el método reformado gramático-histórico-teológico de la hermenéutica.
            Este tercer principio de “interpretación teológica” es más que decir que la Escritura interpreta la Escritura a través de referencias cruzadas. Más bien, implica mostrar cómo cada texto bíblico encaja con la completa teología de la Escritura. Toda la teología exegética, teología bíblica y teología sistemática atiende a la completa “analogía de la fe”, la cual expone cada texto de la Escritura a la luz de “todo el consejo de Dios”. De alguna manera, cada pasaje están enmarcado por la completa revelación acerca de Jesucristo; por tanto, todo pasaje debe interpretarse y proclamarse a la luz de Él. Ninguna parte de la Escritura puede interpretarse completamente sin el entendimiento de su conexión hermenéutica con la revelación de Jesucristo al hombre para la gloria de Dios el Padre.







Dr. Fred A. Malone: pastor de la Primera Iglesia Bautista de Clinton, Lousiana, desde 1994. Anteriormente fue el pastor fundador de la Iglesia Bautista de Heritage, Mansfield, Texas. Título original: “Preaching Christ in Every Sermon”. Localizado en Founder Jorunal (Verano 2014, tomo 97). Traducción: Aehécatl Muñoz. 

Cómo ser una esposa piadosa — Mary Beeke

El plan perfecto de Dios para las familias incluye la creación de hombres y mujeres, así como la forma en que deben relacionarse entre sí.
            Fuimos creados perfectos; lamentablemente, el pecado alteró ese plan. Pero Dios, en su misericordia, nos dio el matrimonio, una joya que tiene su origen en el Paraíso.

lunes, 20 de junio de 2016

El hombre moderno y su mundo de fantasía - Erik Raymond

Cada época trae retos particulares para el cristianismo. Entre estos tenemos el hecho de que vivir por fe significa que ponemos las cuestiones fundamentales de nuestra vida y existencia en manos de alguien a quien no podemos ver. En un mundo lleno de experiencias sensoriales, la fe en Dios es un desafío. Pero esto no es nada nuevo, por supuesto. En el primer siglo, el apóstol Pedro le recordaba a su iglesia que a Jesucristo,

“a quien sin haber visto, ustedes lo aman, y a quien ahora no ven, pero creen en Él, y se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de su fe, la salvación de sus almas” (1 Pedro 1:8-9).

sábado, 21 de mayo de 2016

Debemos ser gobernados por las buenas noticias - David E. Prince

Como seguidores de Jesús, cuando observamos nuestra cultura americana no podemos evitar sentirnos turbados por lo que vemos. El matrimonio ha sido legalmente redefinido. Ahora, concordando con la casi unánime declaración de la humanidad, que el usar el sanitario debería ser una actividad específica de género te conseguirá una etiqueta como intolerante. La planeación parental ha sido expuesta vendiendo las partes de bebés asesinados en el útero y ese horror ha sido presentado con un bostezo cultural virtual. La libertad religiosa está bajo ataque y las tenciones raciales se han elevado en varios lugares. Nuestro amor por Dios y nuestro prójimo nos ocasiona sentirnos descorazonados por estos sucesos.